martes, 26 de junio de 2012

Relato Zen


Un Samurai belicoso desafió en una ocasión al maestro Zen a que explicara el concepto de cielo e infierno.-
El monje le respondió con desdén:
- No eres mas que un patán.  No puedo perder el tiempo con individuos como tú !
Herido en lo mas profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvaino su espada y grito:
- Podría matarte por tu impertinencia !
- Se acaban de abrir las puertas del infierno - replicó el monje con calma.-
Desconcertadado al percibir la verdad de lo que el maestro señalaba,con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envaino su espada y se inclinó ante el monje agradeciendo la lección.-
- Se acaban de abrir las puertas del cielo - añadió el maestro.-

Pensamiento

En el pensamiento occidental existe el concepto: yo y los demás. A veces el yo puede extenderse un poco más allá de los límites de nuestro cuerpo y llegar hasta nuestra familia y amigos.-
En el pensamiento oriental esa dualidad no existe.-
Si le preguntáramos a algún occidental cuando comenzó su vida (la mayoría de ellos),  contestaría que al nacer. Profundicemos la pregunta: y antes dónde estabas? Tal vez la respuesta sea: en mi madre y en mi padre.-
A una tercera pregunta: aún antes dónde estabas?  Quizás no sepa que responder.-
Antes de eso, estábamos en el aire y en los alimentos, o sea, en la naturaleza o en una escala mayor en el universo.- Esto nos lleva a una idea de unidad con el universo, de que no existiríamos sin él, que formamos parte de un todo con la naturaleza, con el universo.-
Trataré de explicarlo con un ejemplo. Pensemos en las olas de un océano, si sacáramos el agua no existirían las olas, no existe una esencia de las olas sin el océano, de igual modo pasa con nosotros, no hay una esencia de nosotros sin el universo.-
A que quiero llegar con todo esto, que si pensamos que somos uno con el universo, cuando atacamos, cuando herimos,  cuando no respetamos;   nos hacemos eso a nosotros mismos, porque en realidad también son parte del nosotros y nuestra acción altera la armonía que existe en la naturaleza,  por lo tanto también nos afecta porque somos parte de ella.-